Hoy, junto a la soledad de mi almohadón, recordaba aquellos momentos frutos de mi imaginación. Tu mano recorría mi espalda llegando a la curvatura de mi sonrisa. Posabas tus labios sobre mi mejilla, mi respiración y tus latidos se acompasaban formando una melodía única e irrepetible.
De repente, desperté del sueño. Erás tan real que no podía creer que no había nadie. Y, entonces en mitad del silencio, susurré te quiero.
Más que precioso
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